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2 de octubre (¡No se olvida!)

1511_2_de_octubreNo, de ninguna manera, no estamos en el mes de octubre, pero retrotraigo esta fecha porque en esta semana segunda de noviembre ha sucedido algo que la hará memorable: la Honorable Cámara de Diputados de la Nación aprobó por unanimidad la conmemoración oficial del dos de octubre de cada año. Como resultante, la oficialidad mexicana pondrá la bandera nacional a media asta, en memoria de los asesinatos cometidos en perjuicio de estudiantes, particularmente, del Poli y de la Unam, que fueron masacrados por las huestes militares del Estado Mayor presidencial, en el sexenio del pseudodictador poblano Gustavo Díaz Ordaz.

Esta aprobación unánime por los diputados de todos los colores y sabores miembros de la paridocracia mexicana pone en evidencia a todos los que participaron en aquellos acontecimientos de octubre del 68, empezando por los miembros del H. Congreso de la Nación que no dijeron ni pío frente a los terribles acontecimientos.

Como maestro de la Escuela Superior de Medicina del Politécnico, me tocó platicar con alguno de mis alumnos que habían presenciado los acontecimientos en la Plaza de las Tres Culturas. Con sentida tristeza me di a la tarea de elaborar algunos versos que repartimos en ese entonces, en las inmediaciones del llamado casco de Santo Tomás. Quiero aprovechar esta declaratoria de los legisladores y la voluntad de nuestro Núcleo Informativo para darlos a conocer. Reconozco de todas maneras la deuda que tenemos, que tiene nuestro país con aquellos sacrificados en Ciudad Tlatelolco por las manos asesinas de Gustavo Díaz Ordaz.  Fue el inicio de una apertura democrática, que desgraciadamente aún no ha dado frutos que verdaderamente beneficien a los mexicanos.

 

YA REVIVIÓ DON PORFIRIO

(Porfirio Díaz Ordaz)

Amigos voy a contarles una historia muy curiosa,
Que pueda comunicarles cómo sucedió la cosa.
Esto que ahora les hablo, se los digo con delirio,
Parece cosa del Diablo, ¡resucitó don Porfirio!

Y yo mentiras no digo, pues me gusta la verdad;
Es más, de esto fue testiga la gente de la ciudad.
Y para entrar con decencia, sólo suplico atención,
Un poquito de paciencia y a escuchar la narración.

En una tarde lluviosa de un mes de julio ya ido
En esta ciudad tan grande, algo horrendo ha acontecido.
Un grupo de pandilleros que de estudiantes vestían
Provocaron un gran pleito, y llegó la policía.

El grupo de agitadores traía consigna, no miento,
Pues eran provocadores  mandados por el gobierno
La mecha de aquella flota armó un pleito sin igual,
Entre una preparatoria y un plantel vocacional.

Y como estaba planeado se mandaron granaderos,
Que con garrote en las manos se metieron a esos centros.
Una maestra golpearon, mataron un estudiante
Y después se retiraron, ¡su actitud fue denigrante!

Los estudiantes unidos después de aquella agresión
Como protesta, les vimos una manifestación.
Estaban muy ordenados protestando por sus fueros
Mas llegaron los soldados y grupos de granaderos

Y como ya habían hecho antes, la Constitución violando,
A todos los estudiantes se dieron gusto golpeando.
Hubo heridos y más muertos, y muchos encarcelados,
Y periódicos vendidos, todo lo tergiversaron

Pero, volvamos al grano, que me salí del camino
Aunque eso marca, de plano, ¡que revivió don Porfirio!

Los estudiantes en lucha, marcharon de nuevo, en pos,
Diciéndole al pueblo: “escucha lo que ha acontecido a nos”
Pa que me entiendan: hicieron, ordenados, con razón,
Pero esta vez con maestros, otra manifestación.

Mas era espantoso ver a los lados del camino,
El más tremendo poder del ejército asesino;
De ese ejército, que a fuerza de atacar tanto a su pueblo,
Se ha convertido, a mi ver, en enemigo rejego

Y tal vez haciendo historia, hoy convenga recordar
Hechos de ingrata memoria, de su fiel forma de obrar:
Vienen ferrocarrileros, ansiosos de lucha en pos,
Atacan los granaderos y el ejército, y adiós.

Que los maestros despiertan en una justa campaña
El ejército y la prensa los aplastan con gran saña
Despierta el estudiantado en una lucha que exalta
Y cierran el Internado el ejército y Peralta.

Jaramillo luego viene defendiendo al campesino:
El ejército interviene y se muere Jaramillo.
Que en el estado de Chiapas hay un pueblo en rebelión,
El ejército lo asalta y toditos al panteón.
En Michoacán, era aciaga, los estudiantes protestan,
El ejército y Arriaga acaban con la molestia

Y luego vienen San Luis y Veracruz y Durango,
El ejército en un gran tris convierte la lucha en fango.
Siguen Chihuahua y Tabasco, se vienen Guerrero y Puebla,
Y el ejército en el acto los vuelve campos de guerra

Hay otros cientos de ejemplos de ese proceder de gloria:
Ejército sobre el pueblo, pa luego cantar ¡Victoria!

Sigamos pues adelante con relatos de martirio
Que nos grita a cada instante ¡que revivió don Porfirio!

Era pues horrenda vista, a los lados, observar
La chota y la tropa lista pal estudiante atacar
Se antojaba de novela ese espectáculo triste,

Como si una tropa ajena amagara “lanza en ristre”
Que ya quisiera mirarlas los políticos del PRI.
Pues si son los diputados los que tratan de elegir
Se juntan mil  acarreados, que luego vuelven cien mil.
Y si son los gobernantes, para ellos no vale el pueblo,
Porque ellos son militantes elegidos con el dedo
Aunque no se necesita que el pueblo los predestine:
¿El diputado?, ¡dormita!; ¿el gobernante? ¡Ése vive!
Ésta es otra de las cosas que sirven para decir,
Que Porfirio, de la fosa, ha vuelto para vivir

De nueva cuenta regreso a lo que ya había dejado,
A relatar el suceso tan triste, que aquí ha pasado:
Siguieron más detenciones, la prensa volvió a ladrar,
Vinieron más defunciones, y de aquello, ni chistar.

Lo más grave, sin embargo, aconteció en Tlatelolco
donde el ejército en pleno, se dio gusto como loco
asesinando a estudiantes que cayeron cientos, miles
por las balas asesinas de metralleta y fusiles

Y en Guadalajara, luego, Díaz Ordaz, el presidente,
Mandó mensajes al pueblo, en tono triste y doliente.
Declaró que perdonaba a la juventud perdida,
Y que para ello dejaba su mano diestra tendida.

Respondió la borregada con despliegues por montón,
Que la prensa mercenaria, con rapidez, publicó.
¿Y las demandas del pueblo? ¡Siguieron siempre olvidadas!
Pues un silencio, de nuevo, mostró la prensa amafiada.

Y yo pregunto a la vida ¿cómo se puede estrechar
La mano diestra extendida, si la otra va a golpear?
¡Ah qué señor presidente!, que en sus nombres, lleva vivo
Las hordas que da su origen, y el mal Díaz de don Porfirio
Por eso no creo delirio, si me atrevo a preguntar
Si revivió don Porfirio, ¡¿qué cabrones va a pasar?!

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