Martes, 06 de Diciembre de 2011 22:28
Escrito por Miguel Mandujano/Núcleo Informativo
LEER Y ECHARSE UN PEDO
No saben, estimados lectores que sí leen, lo que he disfrutado con la pifia de Peña Nieto y la cantidad de ecos que ha generado. De este lado del mundo, los telediarios españoles no lo han pasado por alto y han tratado el momento Peña con la ironía con la que habían comentado los traspiés de los precandidatos republicanos en Estados Unidos hace pocas semanas. Pero sin duda, si algo les ha llamado la atención, es la cantidad de bromas, burlas, risas que ha provocado el caso en las redes sociales; por mucho, superó el Borgues de Fox, y miren que lo tenía complicado; en realidad, toda la fortuna de Fox consistió en que aquel cada vez más lejano día de 2006 Facebook apenas estaba en su etapa universitaria y Twitter era un invento no bien conocido.
En fin, que a riesgo de herir susceptibilidades, pero total, como este Viejo Mundo ya está llegando a su fin (así es, con el año terminará nuestra misión en Núcleo Informativo), voy a empezar diciendo que por mí pueden agarrar al precandidato único del PRI como piñata de posada. Metafóricamente, claro.
Una vez dicho lo anterior, voy a hacer una pregunta, digamos, al aire, así no más, porque me causa asombro, que es el principio de muchas cosas buenas.
¿Por qué ha causado el revuelo que ha causado el desliz de Peña Nieto? ¿Se lo han preguntado? ¿Por qué es un ignorante? ¿De verdad? ¡Y que quede claro que yo no quiero defenderlo! Que se defienda solo si puede, o tan siquiera (como dicen en el barrio) que los signos de los tiempos sí puede leerlos y se procure una competencia democrática al interno de su partido; no, no confundir, mi pregunta es ¿Por qué es un pecado tan grave no recordar tres libros para un país cuya mayoría tampoco podría hacerlo?
¿O podría?
La más reciente Encuesta Nacional de hábitos de lectura en México es del 2006, tan vieja como la sabiduría de Fox, pero algo me dice que las cifras, aún hoy, pueden ser reveladoras. Según la Encuesta, los mexicanos leemos 2.9 libros al año. A mí se me hace muy gorda Chencha, o por lo menos mal distribuida, porque según la Encuesta, si bien sólo el 13% de los encuestados confesaba no haber leído nunca un libro, la mitad del 87% restante no pudo recordar el título de uno solo de los libros que hubiera leído. En este 87% estaría Peña Nieto; ya se ve que si no es prole al menos es parte de la mayoría nacional.
Con datos más recientes, las editoriales mexicanas calculan que en 2009 la industria decreció un 3% respecto del 2008, y que se sostuvo, sobre todo, por los títulos y ejemplares que circulan en la educación obligatoria. Por lo demás, parece claro que el rango de edad en que más se lee, es justo éste en que leer es parte de la tarea.
La encuesta puede encontrarse en la página web de CONACULTA, pero ahora voy a reproducir un fragmento de un artículo de Gabriel Zaid comentando la Encuesta en Letras Libres:
De entre la población que ha ido a la Universidad (licenciatura o posgrado), «el 18% (1.6 millones) dice que nunca ha ido a una librería; el 35% (3 millones), que no lee literatura en general; el 23% (2 millones), que no lee libros de ningún tipo; el 40% (3.5 millones), que no lee periódicos; el 48% (4.2 millones), que no lee revistas y el 7% (más de medio millón) que no lee nada: ni libros, ni periódicos, ni revistas. El 30% (2.6 millones) dice que no gasta en libros, el 16% (1.4 millones) que gasta menos de $300 al año. O sea que la mitad de los universitarios (cuatro millones) prácticamente no compra libros.»
En números gruesos, la Encuesta dice que el 56.4% de los mexicanos lee libros, sin embargo, los parámetros con los que la UNESCO mide la calidad y los hábitos de lectura (tiempo dedicado y entender lo que se lee, por ejemplo), no nos colocan entre los mejores del mundo. Será.
Yo tengo una hipótesis. Imagínense ustedes que están en medio de un grupo de iguales donde estaría muy mal visto que alguien emitiera una flatulencia. Que se echara un pedo pues. Cualquiera podría hacerlo; ya se sabe que algún tipo de alimentación puede causarlas, pero todos se esfuerzan en evitarlo o en hacerlo discretamente. Al final todo mundo lo hace, pero de una manera tan silenciosa que nadie sabe de dónde provienen y fingen que no pasa nada. Pero un día, en medio de un silencio casual, a alguien se le escapa uno ruidoso y entonces todos los demás descansan, pues cada uno pensaba que el olor a pedo de la habitación era culpa suya, y al haber un culpable colectivo, ¡y público!, entonces todos pueden respirar, aliviados.
Se entiende, ¿no?